Registrado: 07 Jun 2006 Mensajes: 4778 Ubicación: En el Olimpo
Publicado: Dom Jul 01, 2007 12:19 pmAsunto: Último día (tercer capítulo)
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Al abrir los ojos, solo pude vislumbrar una profunda luminosidad. Poco a poco, me fui acostumbrando a la luz. En los últimos días, siempre me pasa lo mismo. Al despertarme, no puedo ver, deben pasar unos segundos ahora, antes minutos, para que pueda ver lo que hay a mi alrededor.
Ya me voy acostumbrando a mi situación, y no me parece rara, pero aquél día, que desperté, no sabía donde estaba, y el estar atado no ayudaba en demasía. Empecé a gritar, y tuvieron que venir a sedarme. No sabía donde me hallaba, ni tampoco quien era. Tuvo que pasar un tiempo, para que recobrara el sentido.
Ese mismo día, me contaron que estaba en un hospital, que me estaban curando. Me dijeron, que llevaba tres semanas entre la conciencia y la inconsciencia. No recuerdo nada de esas tres semanas. También me contaron, que estuve mucho tiempo hablando y gritando en sueños. Llamando a una tal María, a un tal Peter, y no saben a quien más. Siempre me he preguntado, por que no me acordaba de mi hijo. ¿Me acordaba pero no lo gritaba? Quien sabe, quien sabe.
Según los informes que me mostraron, estaba medio muerto cuando me trajeron. Los de la ambulancia no daban nada por mí, pero siempre he sido fuerte, y me recuperaré del todo. Me quedarán algunas secuelas. No podré andar tan bien como antes, y las cicatrices me marcaran, incluida una quemadura en la cara, que me dará carácter, seguro.
Los médicos y enfermeros se portan bien conmigo. Saben que soy un prisionero, pero no lo tienen en cuenta. Soy un militar, no un asesino, saben que no les haré daño, ni intentaré escapar, ¿A dónde iría?
En el segundo día de mi despertar, me cambiaron de habitación. Me condujeron a una sala con otros soldados y pilotos. Según comprobé, yo no era el único que había sido apresado, pero no éramos muchos. Conmigo, éramos dos, el resto eran de las fuerzas del planeta. Según me indicaron, allí me tendrían más controlado. Habían apresado a más de mis compañeros, pero no nos permitían estar juntos, para que no creáramos problemas.
La sala, pues era más sala que habitación era espaciosa. Treinta camas se encontraban instaladas. Normalmente estaban ocupadas todas, pero eso no era siempre así. Las paredes de color caqui reflejaban la luz, y por el día, la luminosidad casi se podía palpar.
El día era muy monótono. ¿Qué se puede hacer en la cama de un hospital cuando tienes las dos piernas enyesadas y un brazo en cabestrillo? Pues muy fácil, hablar con los que están igual, mejor o peor que tu. Siempre hay reticencia para comunicarse con un enemigo, pero al final, siempre se vence (bueno, casi siempre, tres camas a la derecha hay uno que nos odia, y si por él fuera, nos mataría a todos, estoy seguro)
La casualidad quiso que me encontrase un día con una grata sorpresa. Quién me iba a decir, que me iba a encontrar con el soldado que me sacó de mi nave.
Era una tarde como otra cualquiera. Llevaba una semana despierto. Mi recuperación iba a buen ritmo, aunque todavía me quedaban algunas semanas para poder salir de allí. El cielo se veía espléndido (desde donde me encontraba en ese momento, podía mirar por la ventana, un pequeño favor de las enfermeras), cuando un nuevo soldado que había trasladado esa mañana despertó de su siesta. Siempre he sido educado, y no voy a cambiar ahora.
- Buenas tardes, ¿Cómo se encuentra?
- Buenas, bueno, dormido. ¿Qué hora es?
- Todavía queda un rato para el anochecer. El día está precioso. ¿Puedo preguntarle que le pasó? Se lo pregunto a todos. Si le molesta, no le pregunto
- Ooohh, no, que va, no me molesta. Poca cosa. Sus compañeros nos dieron bien dado. A mi me pillaron en el camión, mientras me trasladaba a un puesto de mando de una zona de cañones gauss. No es nada grave, pero deberé estar aquí unos días.
- Lo siento. La verdad, es que entiendo que me odien. Aunque cumpliese órdenes, es normal el odio
- Que va, no es normal. Yo, por lo menos, no le odio. Además, no me he presentado. Cabo Bernand, soldado de campo
- Encantado, Nicolás Hernández, todo un placer. Piloto de Cazadores Pequeños
- ¿qué te pasó a ti? – por enésima vez tenía que contar mi historia, pero fui yo el que empezó, así que no debo quejarme, ¿o sí? --
- Me derribó uno de tus compañeros. Lo estaba siguiendo, y me cazó. Fue más listo que yo, todo hay que reconocerlo. Según me han informado luego, estaba por el sector 3. Mi cazador ligeros se estrelló, no recuerdo nada más
- ¿Dice que en el sector 3? ¿Un cazador ligero? Lo recuerdo, lo recuerdo – su semblante se había puesto blanco. ¿Qué sabía? – Yo fui quien lo sacó a usted de su nave
De piedra, así me quedé. También es casualidad que me encontrase con quien me había salvado
- No se que decirle, solo darle las gracias – yo estaba muy alegre, pues había querido agradecer a mi rescatador su labor. Pero mis palabras no hicieron mella en él. Una sonrisa de circunstancias se le veía en la cara. ¿Por qué? -- ¿Cuénteme?, ¿cuénteme?
- La verdad, es que estoy muy cansado. Otro día se lo cuento, ¿vale? – algo no iba bien
- Sí, sí, sin problemas. No lo quiero cansar. Descanse, en otro momento hablamos. Además, la enfermera va a venir en nada, y nos echará un rapapolvo si nos ven hablando sin descansar. Será mejor, será mejor – no me gusta ser impertinente, ya me enteraré, ya me enteraré
- Pues eso, buenas noches. Hasta mañana
- Hasta mañana
¿Qué habrá pasado? Estábamos tan bien, y de repente. Miro por la ventaza, para despedirme del día, pues ya estaba anocheciendo, cuando pude ver una figura, medio en penumbra que me observaba atentamente. No la pude distinguir claramente, pero me estaba observando a mí. Estoy seguro, o casi. ¿Estaré soñando o volviéndome loco? En se momento, entró la enfermera y me llevó de nuevo a mi cama. ¿Qué pasaba?
Durante el resto de la jornada, no pude dejar de pensar que era el centro de algo, y que yo no sabía que era. Cuan lejos estaba de saber que se cocía a mí alrededor, cuan lejos, cuan lejos
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Askani te odio tanto, que ya no se ni como llamarte. jejeje
Subaka, mmmm, sin comentarios
Registrado: 07 Jun 2006 Mensajes: 4778 Ubicación: En el Olimpo
Publicado: Dom Jul 01, 2007 12:56 pmAsunto:
Durante los siguiente días, no pude quitarme esa sensación tan extraña. Algo me olía mal, pero no pude hacer que mi nuevo amigo me contara nada al respecto. Hablábamos de muchas cosas, pero si se tocaba ese tema, se volvía una tumba. Incluso me llegó a decir, que no preguntase nada, por mi bien. Por supuesto, no eso no me ayudó en nada, fue incluso peor, pues me daba mala espina la cosa. Muy mala espina.
Para ser sinceros, esos días fueron de mucha tranquilidad y relajación. Pude reponer muchas fuerzas, y aunque parezca contradictorio, tiempo después lo llegaría a añorar. Visto desde el futuro, fue normal que lo echara de menos. Pero esa historia, no es para ser contada ahora. Tiempo habrá. Si algo hay, es tiempo. Todo el tiempo del mundo.
Pero, como todo en la vida, las cosas no pueden durar. Un día, me indicaron que iba a recibir la visita de un General, un tal Víctor Zas. No tenía ni idea de quien era. Cuando se lo comenté a Bernand, puso otra vez mala cara, y no me quiso contar nada, o mejor dicho, casi nada. Solo que fue el general del sector tres en la batalla. Que había sido su jefe y que había recibido órdenes de él. Aparte de eso, no soltó prenda y cambió de tema.
Por alguna razón, presentía algo. Algo me decía, que a partir de esa visita, todo iba a ser diferente, muy diferente. Esta vez, si acertaba, para variar.
A la media hora, se presentó un tipo vestido de uniforme. Era rubio, de constitución atlética, bien formado. De los que solo al verlo sabes que están preparados para mandar, y para no ser mandados.
- Señor Hernández, soy el General Víctor Zas. Soy el encargado de su custodia, junto al resto de los capturados. ¿Cómo se encuentra? ¿Lo han tratado bien?
- General -- aunque no tenía por que cuadrarme antes este hombre, pues no era mi superior, de manera instintiva hice el gesto. Me pude controlar a tiempo para no hacer el ridículo, pero ahí quedaba, y pude ver que lo había advertido. Tipo listo, tipo listo – me han cuidado perfectamente. No podría pedir nada más. Usted dirá
- Estoy aquí, para indicarle que en dos días, será trasladado a la base de despegue, donde partirá en una nave de transporte a un sistema neutral donde usted y sus compañeros serán intercambiados por algunos de nuestros soldados que fueron capturados por sus compañeros en la última campaña. Hemos podido conseguir las graduaciones de todos ustedes, y, quitando a un general, usted es el segundo de más rango. Este general no será intercambiado, por razones que no vienen al cuento, por lo tanto, será usted el responsable de que sus compañeros no hagan ninguna tontería, ¿me entiende?
- Sí, señor, cristalino
- En una semana estarán en sus casas, sanos y salvos. Ninguna tontería. ¿Alguna pregunta?
- Señor, a ese respecto no, pero quería hacerle otra pregunta, personal, ¿sería posible? -- veamos si por aquí puedo obtener alguna información—
- dígame
- ¿Podría contarme algo de mi rescate? Aquí al lado está el cabo Bernard, pero no me ha contado gran cosa, y me gustaría saber como fue rescatado, y el estado final en que quedó mi nave
- Capitán, esa es una información que a usted no le interesa. Piense, que le rescatamos, que le curamos y que en una semana estará en su casa. ¿Tiene familia, mujer, hijos?
- Sí, señor, mujer y un niño
- Piense en ellos. Mañana le traerán la relación de sus compañeros que irán con usted. Nombres y rangos, según la información que nos han facilitado. Puede decir a los suyos, que el resto a de ser negociado
- Gracias, General. Es usted muy amable por venir a verme en persona
- No hay de que. Además, yo iré en esa nave con ustedes. Debo ocuparme del intercambio. Adiós
- Adiós
Mientras me estrechaba la mano, pude notar un leve temblor en su labio. Algo le estaba rondando la cabeza, y no me había que era. ¿Nerviosismo por el intercambio? Posible, es posible.
Se le notaba que era alguien que sabía mandar y hacerse escuchar. Había a gente así, no muchas, pero las había visto. Seguro que era un buen general
Los dos días siguientes, fueron algo ajetreados. Como ya podía moverme, tuve que ir a hablar con mis compañeros, con los que iban a ser intercambiados conmigo. Se alegraban mucho cuando les daba la noticia, y por supuesto, ninguno tenía ganas de liarla. Solo querían volver a casa, unos con la familia, otros con la novia o la pareja. Otros, a su botella (allí no podíamos beber, aunque alguno, había conseguido entrar algo de quien sabe donde).
Solo cabe reseñar algo de interés. Mejor dicho, dos cosas. La primera fue un poco antes de despedirme de los míos. Un pelotón de soldados me esperaba para llevarme a la nave de transporte. El sargento que los mandaba, no me miraba con muy buenos ojos. Me resultaba familiar, pero no sabía donde lo había visto. Cuando vino a buscarme para decirme que me daba 5 minutos para despedirme, pude ver en sus ojos algo de cierto odio. Si no lo conocía, ¿por qué me odiaba? No le di mucha importancia en ese momento. Siempre he sido tonto, lo se, no iba a cambiar en ese momento. Según me indicaron, era el Sargento Black, bonito nombre.
El último del que me despedí fue del Cabo Bernand. Lo había llegado a apreciar, y no solo por que me salvara la vida, sino por su amistad. Lo podía considerar un amigo, aunque en fuerzas espaciales distintas.
Cuando me despedía, me dijo algo que me dejó seco
- Nico, ten cuidado con el Sargento Black. Ese hombre te odia
- ¿Por qué si no lo conozco?
- Tu a él no lo conoces, pero él a ti sí. Era mi superior directo cuando te saqué de la nave. No había querido decírtelo, para que no te preocupases, pero él no quería que llegaras al hospital
- ¿Cómo? ¿No quería que me liberaras?
- No, Nico, no quería. Te hubiese rematado en ese mismo sitio. Allí mismo. El General Víctor te salvó, apareciendo de repente. Él se lo impidió. Ten cuidado con él. A partir de ese incidente, el Sargento tiene abierto una inspección. Te odio, lo se, lo conozco. Ten cuidado
- Gracias, te debo una. Espero que te recuperes, y te recordaré siempre. Lo sabes
- Lo se. Dale un beso a tu mujer e hijo de mi parte. Hasta otra
- Hasta otra, cabo.
Mientras me alejaba de los que durante unas semanas habían sido mi familia, y me acercaba a aquél que me quería muerto sin razón, presentía que mi mundo iba a cambiar, y lo peor, es que sabía que iba a ser para peor, mucho peor. _________________ !Tucki, mamona¡
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Registrado: 07 Jun 2006 Mensajes: 4778 Ubicación: En el Olimpo
Publicado: Dom Jul 01, 2007 1:49 pmAsunto:
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Nunca me llegué a acostumbrar a las naves de transporte. Eran tan grandes y desgarbadas. Con tantas salas y espacios vacíos. Ya se que era normal, tenían que albergar todo lo habido y por haber, pero que queréis, no me gustan. Yo prefería mis cazadores ligeros, mis pequeños, no esas cosas tan grandes.
El trayecto desde el hospital a la nave fue tranquilo, sin incidentes, aunque yo no podía dejar de pensar en el Sargento. En como iba a poder cuidarme de él. Yo no podía hacer nada, pues solo era un prisionero. Solo quería que todo terminara y pudiera quitármelo de mi vista. Si yo no podía hacer nada, creo que él tampoco. Con tantos soldados por allí, ¿qué iba a hacer? ¿Se iba a complicar más la vida yendo a por mí? Además, estaba el General. Si me había salvado una vez, ¿no lo haría una segunda? Eso me tranquilizaba, aunque sabía, que solo me auto engañaba. Si yo estuviese en su lugar, y me tocara elegir entra uno de los míos y un piloto de un imperio que había atacado y masacrado a los míos, ¿a quién creería? Mejor no hacer esa pregunta. Mejor, mucho mejor.
Como decía, el trayecto fue tranquilo. Nos llevaron en un camión de la soldadesca. Varios prisioneros, a los que había conocido en los dos días anteriores, y un pelotón de soldados, los mismos que me habían ido a recoger. Cuando me uní a ellos ya había pasado por otras habitaciones, y luego pasamos por algunas más. En total, una veintena. El resto iba en otros camiones.
Una cosa que siempre me ha llamado la atención, es la similitud en la maquinaría de guerra de los distintos imperios. Ese camión, era igual o casi el que utilizaban los míos. Quitando, según comprobé el tipo de asiento, que era de otra composición que el nuestro, y el chasis exterior que tenía una fisonomía algo distinta, grosso modo se puede decir que eran iguales. Algo más, que nos puede indicar, que al final, no somos tan diferentes. Solo hemos nacido en sitios distintos, pero formamos parte de la misma raza. En eso, pensaba mientras íbamos hacía nuestro destino. Los soldados mantenían sus armas, láseres de mano, en posición de descanso. Unos cerca de la cabina y el resto sentados al final, controlando todo el entorno. No había manera de escapar, ni aún en el caso de que se nos hubiese ocurrido intentarlo, cosa que no pasó.
Solo nos detuvimos un par de veces, al parecer para controles rutinarios. En una, los militares del puesto inspeccionaron la “carga”, por llamarnos de alguna manera, pero no hubo problemas.
Entramos en la nave por la portilla de estribor. Como dije, era una nave como las nuestras. Los grandes motores de combustión, desfigurando su figura y haciéndolo desgarbado. En la rampa, me esperaba el General. Me indicó que comprobara que todos estuvieran allí, y que firmara un acta. No pude hacer otra cosa. Anhelaba poder volver a casa. Cuanto más tiempo perdido, pero, mucho peor.
Uno a uno, fui comprobando a los míos. Estaban todos. En más o menos buen estado. Algunos todavía estaban escayolados y tenían que llevar muletas. Pero, se les veía que los habían cuidado bien. Un buen trato, no siempre se podía decir lo mismo, según me habían contado en mis años de escuela de combate. Eso sí, todos tenían ganas de salir de allí. Todos y cada uno, veíamos que pronto se acabaría todo. No quería volver a repetir de la historia, pero deseaba volver a montarme en un ligero. Que ganas tenía. Qué ganas.
Nos habían metido en una celda común, de muchos metros. Después de todo, no éramos tantos. En total, un par de cientos. La mayoría soldados, apresados durante las escaramuzas de tierra. Algún piloto, pero pocos. Buena gente, de los que merece la pena llevar a las batallas. Nos esperaban unas horas de sosiego y paz, hasta que llegase la hora. Según me contaron, se había quedado en un planeta del sistema Omega, sin colonizar. Allí se llevaría a cambio el intercambio.
¿De qué se habla en un momento así? Pues, realmente, de nada importante. De cualquier cosa sin interés que se te ocurra. Hay que llenar el vació de tiempo con cualquier cosa, con cualquier cosa
Todo iba con tranquilidad, cuando de repente escuchamos un ruido extraño. Algunos pensamos que sería la nave aterrizando o algo así, pero no, a los pocos momentos, escuchamos explosiones. Los soldados que nos custodiaban empezaron a lanzar gritos. Sus radios no paraban. La mitad salió hacia no se donde, mientras la otra mitad encendía sus armas y se prestaban a la batalla. ¿Qué pasaba? Le pregunté a uno, y me indicó que estaban siendo atacados, pero que no sabía nada más. Le habían ordenado estar en guardia y esperar cualquier cosa, y eso hacía. Nos pidieron que estuviésemos tranquilos, que no fuera nada. Yo no estaba tranquilo, ahora que estaba tan cerca, ahora.
Las explosiones cada vez eran más cercanas. Llegamos a poder escuchar los gritos de dolor, justo antes de que la compuerta saltara en pedazos y cientos de soldados entraran. Nuestros carceleros poco pudieron hacer. ¿Qué era esto?
Uno de los atacantes, pues otro nombre no le podía dar se nos acercó. Era alto, con un traje espacial no muy cuidado. Sus colores no me recordaban a ningún imperio. ¿Quiénes eran? Eso sí, una cosa me llamó la atención, no llevaban trajes iguales. Parecía que los había ido consiguiendo poco a poco, no todos al a vez. No me parecía un ejército muy disciplinado. Algo no iba bien. En su cara se veía una mueca, que me llegó al alma. Tenía cara de sádico. Miedo, me infundió miedo.
- Caballeros, habéis sido liberados. Abrirles las puertas. – alguno de los suyos, disparó a las cadenas y las puertas se abrieron.
- ¿Quiénes sois?
- Los que os habemos liberados. ¿No os gusta? ¿Preferís quedaros aquí o volver con nosotros?
- ¿Os han enviado para rescatarnos?
- Por supuesto
Una inmensa alegría se propago por mis compañeros. A mi olía mal, pero no sabía por que. ¿Libres? ¿Por qué si nos iban a intercambiar habían ido al liberarnos? ¿Por qué?
- Soy el capitán Hernández. Tengo el mayor rango de todos.
- Perfecto, en se caso, será el primero en salir. Por favor
Mientras salía, hubo un movimiento extraño en la fuerza atacante. Algo no iba bien. Al acercarme al general, y mientras el resto de los míos salían abrazándose entre ellos, pude percatarme de que iba mal. No eran amigos, eran piratas
- Apresarlos – el jefe atacante dio las órdenes que me esperaba
En un momento, todos estábamos apresados de nuevo
¿En manos de quién habíamos caído esta vez? Una cosa sabía, eran peores que las anteriores. Seguro……
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Registrado: 07 Jun 2006 Mensajes: 4778 Ubicación: En el Olimpo
Publicado: Mar Jul 03, 2007 6:06 pmAsunto:
19 lecturas, se ve que los tochos no gustan, jajaja
PEro bueno yo seguiré, juaaaaaaaa _________________ !Tucki, mamona¡
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bueno, la verdad que nunca he dicho nada en los relatos del tio fran, pero mas que nada es por si se lo cree , pero en serio escribe mas que lo haces genial _________________
Registrado: 07 Jun 2006 Mensajes: 4778 Ubicación: En el Olimpo
Publicado: Vie Jul 06, 2007 2:27 pmAsunto:
Todavía me queda mucho, muchísimo por mejorar, pero bueno, siempre se aprende algo nuevo _________________ !Tucki, mamona¡
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