Publicado: Dom Jun 10, 2007 11:46 pmAsunto: Pensamientos de un día como otro cualquiera
Ahí estaba yo, como cada noche, tumbado sobre la fría piedra del patio del edificio de veteranos, aquel edifico austero, práctico, donde no cabía la belleza, concebido para alojar a los pilotos sin ocupar demasiado espacio. Todo estaba diseñado para el mayor rendimiento posible, todo para la guerra, los beneficios y el crecimiento del imperio.
Pero yo no pensaba en eso, tenía los ojos puestos en el firmamento, en la luna que siempre todo observó. Mi memoria vagaba entre los recuerdos del pasado, en mi infancia y mi juventud, me veía paseando por aquellas praderas verdes, bajo el amable amparo de las encinas y los robles, el cantar de los pájaros y las suaves caricias del viento en mi rostro, pero sobre todo en el brillo de aquellos ojos azules y esa sonrisa, que jamás podré apartar de mi recuerdo. Admirado por muchos, y por otros odiado, nunca lo busqué pero mi larga carrera me había creado fama, nadie me había visto llorar, pero esa noche una lágrima me recorrió la mejilla.
- Señor, el comandante quiere verlo inmediatamente- Me dijo de repente un joven piloto a miss espaldas.
- Cuánto tiempo llevas ahí? Por qué no me has avisado? Bien, vayamos a verlo, gracias soldado.
El comandante estaba explicando los detalles de una nueva incursión, al parecer habían avistado una buena suma de cargueros dirigiéndose a un planeta cercano, sin un escuadrón que les protegiera. Todos estaban ansiosos, echaban cuentas sobre los beneficios, las condecoraciones y el honor de participar en el combate. Todos estaban bien enseñados, eran peones en este sistema despiadado.
Las miradas se desviaron a la izquierda, cuando alguien entró en la sala. Iba vestido con unos pantalones oscuros, un jersey de lana y una vieja y raida chaqueta verde, calzaba unas botas altas que tenían la apariencia de llevar muchos kilómetros de uso. Todos me conocían como Dunadan, entré, me acerqué a la tele-pantalla del comandante y vi lo que pasaba, mandarían los acorazados sin duda y me volvería tocar salir de nuevo. – Tardaremos algo menos de una hora, avisadme cuando estéis listos.- Dicho eso me marché, nunca me gustaron las jerarquía ni las ordenes, el comandante me odiaba por ello, pero sabía que soy imprescindible y me permite vivir con cierta tranquilidad.
Unas horas mas tarde el tumulto en los hangares, celebraciones, felicitaciones y un griterío de gente orgullosa de su matanza. El líder en persona del imperio ha bajado a felicitar a sus borregos. Mientras me alejo del lugar miro de reojo a la persona que ha destruido aquello por lo que merecía la pena vivir, que ha prendido fuego a todo aquello que crece del suelo y que ha doblegado nuestra dignidad, debería matarlo, pero alguien ocuparía su lugar así que aparto mis pensamientos y me alejo del lugar.
Quizá algún día encuentre a alguien que piense como yo, quizá algún día tiemblen los cimientos de este sistema opresor y recuperemos la libertad y aquellos sentimientos, aquellas pequeñas cosas que nos acercaban a la felicidad, mientras tanto, sigo en el camino... _________________ "El bien más preciado la libertad"
Mola, te quedas con la mosca, yo le hago compañía si quiere jaja. _________________
Nunca olvideis vuestra espada siempre puede salvaros de una muerte segura.
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