franpe

Registrado: 07 Jun 2006 Mensajes: 4778 Ubicación: En el Olimpo
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Publicado: Sab Jun 09, 2007 1:35 pm Asunto: Último día (I parte) |
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¿Qué harías tú en el último día de tu vida? ¿Qué harías si supieras que ese sería el día definitivo y que no verías uno más? Supongo que muchas cosas. Cosas que nunca habías hecho y que siempre habías querido hacer. Intentarías completar lo que no pudiste completar con anterioridad. Aquellas cosas que siempre dejabas para el día siguiente sabiendo que llegaría, qué llegaría.
Pero, ¿y si no lo supieses? ¿Si no tuvieras ni la impresión de que sería tu último día? ¿Sí empezaras tu jornada como si nada, como cualquier otro día? En ese caso, no harías nada. Harías lo de siempre, lo previsto, y lamentarás en el último suspiro el no haber hecho hoy lo que habías dejado para mañana.
Mi vida no tiene nada de especial. No soy especial en nada. Bueno, tanto como en nada no, en algo si lo soy. Soy una persona feliz. O por lo menos lo creía. Hasta que vi el final no supe que no era totalmente feliz, pero por lo menos, lo era más que la mayoría. Ya se que mal de muchos consuelo de tontos, pero es lo único que me queda. Ese consuelo. Parco, sí, pero ayuda, y tanto que ayuda.
Como decía, mi vida no era gran cosa, pero era mía, y eso me llenaba de orgullo. Me la había ganado a pulso, no como otros. En la mañana de hoy, empezaba lo que había ansiado desde hacía demasiado tiempo. Por fin entraría en las fuerzas de los cazadores ligeros. Sería uno de sus pilotos. Llevaba meses en la escuela de pilotos, había estado años metido en uno de esos cargueros de transporte. Los llegue a odiar. ¿Habéis odiado algo tanto como para desear no volver a verlo? En ese caso, me comprenderéis. N los podía ver ni por asomo. Tenía que aguantarlos, pero nada más. Deseaba poder huir de ellos. Al final pude. Entré en la gran escuela de pilotos y me vi aupado a la cabina de un cazador ligero.
Reconozco que no son la flota y nata de la flota. Son la infantería del aire. Su porcentaje de bajas es muy elevado, por eso, los pilotos novatos y sin contactos como yo debemos empezar con ellos. Yo los adoraba. No deseo como otros llegar a pilotar esas naves de batalla, ni esos acorazados, y ni mucho menos, los tan deseados destructores. Yo quiero mis ligeros. Poder saborear la adrenalina de uno de estos. Tan frágiles y a la vez tan potentes. Toda flota que se precie debe contar con ellos. Son carne de canon, pero que queréis, que me quiten lo bailado. Algún día, pensaba, tendría que dejarlos y ascender (llegados a una edad, no es posible seguir con ellos, sería demasiado peligroso), pero hasta entonces, quería disfrutar lo máximo posible. Y mira que disfrute. No mucho, pero fue plenamente, y como dije con anterioridad, no todos pueden decir lo mismo.
Pero, dejémonos de irnos por las ramas. Era mi último día. Quiero contarlo, para que sepáis lo que vive uno sin saber que le llega su hora. Que cada segundo es un segundo menos, y que el destino de manera irresoluble te termina pillando (aunque uno no lo desea)
Como todos los días de trabajo, me levanté a las seiscientos para preparar el día. Como cada día en los últimos 5 años, sacaba de brazo de debajo de la cabeza que dormía encima. Habían sido los mejores años de mi vida. No los cambiaría por casi nada (decir nada no tiene mucho sentido, ¿o sí?). Mi esposa me había hecho feliz como ella solo sabe hacer. Me había dado una vida (antes de ella no era vida), una familia. Como todos los días, miraba su nuca y mi dedo rozaba su brazo desnudo. Como siempre, un respingo la despertaba (tenía muchas cosquillas), se volvía y me iluminaba con esos ojos marrones, penetrantes, a los que no podía engañar por mucho tiempo. Un beso de buenos días nos despertaba y nada, manos a la obra. A levantarse y a prepararse. Si hubiese sabido que sería la última vez que la vería, no me hubiese levantado con tanta celeridad. Le habría hecho el amor y me habría quedado en la cama. Si me llega la hora, que me llegue satisfecho, ¿no?
Como decía, me levanté para asearme, darme un duchazo y desayunar. Cuando me fui a la cocina, ya tenía este preparado. El desayuno de los campeones, tostadas y café. Paso de esos desayunos a estilo ingles o como se llamen. Yo soy de ascendencia española, a mi lo mío (sí, también he sido un poquito cabezón).
Al cabo de poco tiempo, se nos unía nuestro niño. Tenía casi 4 años. La viva estampa de su madre. Como siempre, me preguntaba
- Papi, ¿jugamos a la pelota luego?
- Hola cariño. Hoy no puedo. Tengo que ir trabajar. Además, hoy piloto por fin los ligeros. ¿Quieres que te lleve un día de estos y los ves?
- Sí, papi, ssssíiiiiiii ¿Puedo ir mami? ¿Puedo? – como dije, era el vivo retrato de su madre. Sus ojos en este momento, eran como un Sol, alumbrando toda la habitación
- No se, no se, ya veremos. Ahora desayuna, que tienes colegio luego
- Vale, mami. Ahora desayuno. Voy a ver un poco la tele, ¿vale?
- No, no empecemos como siempre. Primero desayuna. Luego al colegio
Con pocas ganas, nino se pone a desayunar. Es de poco comer, no como yo, que como por cuatro.
Pero, mira que mala educación la mía, no me ha presentado. Nicolas Hernández es mi nombre. María el de mi mujer, y como he dicho, nuestro hijo se llama nino (o por lo menos lo llamamos así desde que nació).
Hoy es mi prueba de fuego. La primera salida de mi promoción. Llevamos días preparando este momento, y el nerviosismo me desborda. En otras ocasiones medio entre madre e hijo, pero hoy no les presto atención. Mi mente está en otros sitios, en otros lugares, lejos, demasiado lejos. Otro de mis errores del día. En vez de estar mi último día con los míos, no estaba con nadie. Que cosas, que cosas.
Tras el desayuno, que no es que tenga mucho más que contar (desayunamos, recogimos la mesa y listo), me preparé para irme a la base. Teníamos reunión a las 0750. Como era nuestro primer viaje, nos querían dar una charla. Demasiadas he tenido a lo largo de mi dilataba vida, pero esta, como todo, era especial. Hoy la “charla” la daría nuestro amado líder. No todos los días se dignaba dirigirse a sus soldados o a sus pilotos. Excepto en ocasiones como esta (una nueva promoción salía del huevo) o cuando había visos de algo importante (hoy no lo había, o por lo menos yo pensaba eso), nuestro líder se quedaba en su palacio, en el centro de control, para inspeccionar los ataques. Otras veces, no se encontraba en nuestro planeta, como cuando hacía alguna visita a otros imperios, o iba a controlar alguna colonia. Todavía me acuerdo del día que me mandaron pilotar su nave de transporte. Fue algo casi inigualable. Su figura, su carisma. No hable mucho con él, pero me marcó ese día. Desde entonces nada fue igual. Nada
Pues vaya, como me desvío. A lo que iba. Céntrate, céntrate. Me dirigí a la base, para que nos pasaran revista y esas cosas. Allí me encontré con mis nuevos compañeros, y con otros no tan nuevos. Nuestra escuadra estaba compuesta por mitad nueva promoción, mi promoción, y la otra mitad por pilotos experimentados, con varias salidas (los pilotos de ligeros no duraban mucho. O eran derribados o ascendidos. La presión era demasiado grande para aguantar demasiado). Allí estaba Peter. Peter, el nº 1 de mi promoción (me había tenido que aguantar con ser el nº 2). Pero hoy yo le adelantaría, derribaría a mi primer enemigo antes que él (que lejos estaba de saber que el día anterior sería la última vez que tomaría una cerveza fría con él). Nuestra competencia duraba meses, pero pocas veces le había vencido en algo. Para que engañarnos, era el mejor piloto en prácticas desde hace mucho tiempo. Todos lo decían. Si tienes que perder, que sea contra el mejor, no contra el peor. Además, no todos los días das con un buen amigo, y Peter lo era. Más de lo que le gente que no lo conocía pensaba. Mucho más
- Qué, ¿has podido dormir? – se le veía de muy buen humor. Ya se le quitaría cuando yo derribara a mi primera presa antes que él
- Bueno, como sabes, yo siempre duermo bien.
- Normal, durmiendo con quien duerme, hasta yo dormiría
- Pues ya sabes, déjate de juegos con las mujeres y sienta la cabeza. Que ya no eres tan joven
- ¿Yo sentar la cabeza? ¿Con todas las mujeres que hay? En ese caso, solo una sería feliz, y no le puedo hacer eso al resto – la broma de siempre. Con su metro noventa y esos rizos rubios era el cazador oficial de la promoción. Pocas habían escapado a su influjo. Y las que lo hicieron, pues…. peor para ellas. Vivía como pilotaba, al límite
- Anda, anda, calla ya. Donde esté sentar la cabeza, que se quite todo lo demás. Bueno, al grano, que te vas por las ramas ¿qué has escuchado del día de hoy?
- Por lo que tengo entendido, vamos a hacer una pequeña incursión por el sistema gamma. Poca cosa, lo normal, según me ha contado Billy
- ¿Viene con nosotros?
- No estoy seguro. Estaba en nuestra escuadra, pero creo que lo han destinado a otro sitio. De todas formas, ahora nos enteraremos, ¿no?
- Pues sí, pues sí
Mientras hablábamos nos íbamos acercando a la sala de pilotos. Hasta ahora, no había entrado en ella. Sería la primera vez, como muchas otras a lo largo del día. Como muchas otras…. _________________ !Tucki, mamona¡
Askani te odio tanto, que ya no se ni como llamarte. jejeje
Subaka, mmmm, sin comentarios
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