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H.Ruina

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franpe

Registrado: 07 Jun 2006 Mensajes: 4778 Ubicación: En el Olimpo
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Publicado: Vie Mar 02, 2007 1:07 am Asunto: El Sol y La Luna |
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Dedicado a Intruder – The Moon-Maker
El Sol y la Luna
Libro I, tomo I, capítulo I, versículo II del libro de los Hacedores de Lunas
En el principio de los tiempos del universo ogameriano, los soles no estaban acompañados por sus amigas infatigables. Los planetas no eran abarcados, ni rodeados hasta la extenuación por su madre protectora. No había quien fulminara la oscuridad con millones de haces de luz.
En los principio, no existían las Lunas
El universo era comprendido por cientos, miles de sistemas. Cientos, miles de soles. Meteoritos lo surcaban de extremo a extremo. Agujeros negros acortaban el camino. Sistemas completos formaban constelaciones que lo llenaban todo. Pero no existían las Lunas.
Durante decenios de miles de años la intranquilidad embargaba a un Sol. El resto era feliz, pero uno de ellos sentía la falta de algo, sin saber a ciencia cierta que era. Pero cierto día, pensó que le hacía falta un gemelo. Pero no un gemelo igual a él (a los soles no les gusta que los imiten ni igualen), si no algo que lo comprendiera. Que lo compenetrara. Se sentía solo, y necesitaba compañía. Descubierto esto, se puso manos a la obra.
Durante generaciones utilizó todos sus poderes, que eran bastos, para intentar crear ese ser, ese algo (pues todavía no tenía nombre). Sus esfuerzos fueron infructuosos. Intento moldearlo a partir del calor, pero se derretía. Grandes tormentas solares asolaron su sistema durante estas pruebas. Intentó utilizar el frío, pero tampoco tuvo mejor resultado (grandes épocas de glaciación acompañaron este tiempo).
Un día, dándose por vencido, fue a hablar con el gran círculo de los soles. Pidiendo audiencia pidió ayuda a sus semejantes. Estos, sin ver sentido a su propuesta le pidieron explicaciones. Le preguntaron cuales eran los motivos que le llevaban a desear algo tan inusual y sin sentido. ¿Para que esforzarse si tenían todo lo que querían? Eran venerados. Eran grandes y fuertes. El universo era suyo. ¿Para que más? El Sol le dijo, que sin eso que había pensado, el futuro no tenía sentido, estaba vacío. Que solo les quedaba vagar e iluminar sus sistemas por toda la eternidad. Un futuro bastante pobre según él.
Sus hermanos fueron vacilando uno a uno. Primero las más grandes entre las estrellas rojas enanas. Eran una fuerza primordial entre el consejo, pues el universo ya no era joven, y ellas dominaban. Tras mucho esfuerzo, los gigantes blancos dieron el último voto que faltaba, y se llegó al acuerdo de investigar esta cuestión.
Otras tantas generaciones fueron necesarias para que los mayores soles entre los soles llevaran a cabo todas sus pruebas. Muchos fracasos llevaron al convencimiento de que esa idea era imposible de conseguir. Así se lo hicieron saber a nuestro Sol.
--- ¿Y donde voy ahora? ¿Quién podrá si vosotros no habéis podido?
--- Habla con las estrellas fugaces. Ellas recorren el universo. Puede que sepan algo que nosotros desconocemos.
Nuestro Sol, alicaído se fue a hablar con la estrella fugaz que cada poco tiempo pasaba por su sistema. Le contó sus anhelos, sus sueños. Tras una ardua discusión, la estrella fugaz le prometió hacer todo lo posible por su causa. Entre ellas y el resto de estrellas fugaces, seguro que conseguirán el objetivo en poco tiempo
--- Ustedes los soles solo sabéis iluminar y destruir. No sabéis crear. Dejadnos a nosotros.
Más generaciones fueron necesarias para que las estrellas fugaces hiciesen pruebas. Ni aún con todo su poder, y sobre todo su experiencia fueron capaces de conseguir ese algo que le faltaba al Sol. ¿Quién le podría ayudar?
Nuestro Sol decidió hablar con los agujeros negros, pero estos aún a pesar de todo su poder consiguieron el objetivo. Habló con las constelaciones, con los cuáseres, que al ser la materia más nimia del universo podían ayudarlo juntando todas sus fuerzas. Una a una, se fue quedando sin las cartas de su baraja. Por mucho que buscaba, no encontraba a nadie que fuera capaz de darle una solución válida a su problema. El Sol cada día más solo iba perdiendo intensidad, sin ganas de vivir. ¿Para que tanto trabajo si estoy solo? La soledad lo iba carcomiendo poco a poco, de manera irreversible.
Un día, decidió buscar la única ayuda que le quedaba. Si ellos no podían, nadie podría. Se fue a ver a los dioses que habían creado el universo ogameriano tal y como lo conocemos ahora
--- Dioses, ustedes que todo podéis. Ustedes que en todo mandáis. Que hacéis a vuestro gusto o disgusto. ¿Podréis darme una compañera infatigable de aventuras y desventuras?
Los dioses, cuando la profunda pena que embargaba a una de sus mayores obras, no pudieron dejar caer en saco roto tales súplicas y decidieron concederle el capricho. ¿Qué más da poner un astro más en el universo? Hay espacio de sobra
Dejaron la tarea en manos de uno de ellos. Era poca cosa, para que trabajar más dioses.
Pero la cosa no fue como ellos pensaban. Tras segundos de duro trabajo, este no fue capaz de llevar a cabo la obra pedida. Los demás dioses, viendo la inoperancia de este, decidieron poner manos a la obra. Entre todos acabarían con este tema tan engorroso. Pero, ¡qué equivocados estaban! Como si la creación del universo hubiese acabado con la chispa de la creación, los dioses habían perdido la capacidad de crear. Lo creado, creado está. Lo que no, no se puede crear
Así se lo hicieron saber al Sol. Si ellos no pueden, ¿quién podrá?
Cabizbajo se fue a su sistema. ¿Qué puedo hacer?
Viendo que sus esfuerzos no tenían sentido, la sensación del fracaso se fue adueñando poco a poco de su corazón. Cada vez le costaba más trabajo dar calor, pues ni a si mismo podía.
Pero afectaba a los planetas. Todos los seres vivos que los habitaban se dieron cuenta de la pena que llenaba a su Sol. Uno a uno, todas las especies empezaron a pensar que algo no iba bien. Unos miraban a Sol y solo podían intuir el desastre. Solo una entre ellas tenía la capacidad de poder preguntar, y así lo hicieron.
--- OH, Sol. ¿Qué razón os lleva a no querer iluminarnos? ¿Qué mal os hemos hecho?
--- Hombres, no me habéis hecho ningún mal. Pero estoy solo, ansío compañía. Mi corazón está vacío.
--- ¿Cómo podemos ayudaros?
--- Buscadme compañía
¿Cómo unos simples hombres van a poder ayudar a un Sol cuando ni los dioses le habían podido ayudar? Era una guerra perdida de antemano, pero si algo llevaban en los genes los hombres, es su afán de superación. Es su habilidad para la adaptación, y para encontrar soluciones a los problemas. Decidieron llevar a cabo una reunión entre los mayores cerebros entre los más grandes genios de su cultura.
Tras días de discusiones, no había conseguido llegar a ningún resultado. La tensión se podía palpar en el ambiente. Las fortalezas tanto físicas como mentales de los humanos estaban el límite. Estaban a punto de darse por vencidos, cuando una mano se levantó pidiendo permiso para expresarse. Era un kadocesiano llamado Intruder. Un miembro bastante joven entre los K12. Era un genio, pero algo loco, por eso sus ideas no eran ampliamente aceptadas. Expuso que el podía conseguir lo que el Sol pretendía, pero que sería difícil, y conllevaría tiempo.
Dado que no había más ideas, y que el tiempo era oro, decidieron ponerse a probar y buscar la solución en el acto.
El Sol que había podido escuchar todas las discusiones no le dio mucho crédito a las ideas de este imberbe. ¿Cómo unos simples humanos van a poder hacer algo que ni todos los soles, ni todos los dioses juntos han podido hacer? Imposible
Pero, ¿qué es imposible para la raza que consiguió dejar atrás en el mundo evolutivo a sus hermanos de sangre? Tras mucho fracasos. Tras mucho tiempo, estos humanos consiguieron formar un planetoide a partir de la propia materia existente en sus planetas. Pensaron, que si conseguían juntar los minerales necesarios en un momento y conseguían que estos se atrajeran los unos a los otros, podían formar una masa mucho más compacta y segura. Y si la colocaran a cierta distancia, daría vueltas alrededor del planeta. Pero, ¿Cómo conseguir tamaños recursos y tamaña fuerza? ¿Y si barriéramos del universo cientos, miles de naves a la vez? ¿Por qué no?
Vamos las órdenes de Intruder, las pruebas se llevaron a cabo. Muchas de ellas fueron un profundo fracaso, pero al final consiguieron su objetivo. Tras muchos objetivos rechazados, al final se creó un planetario al gusto de nuestro Sol.
¿Qué profundo gozo lo embargó cuando pudo contemplar la obra de unos simples hombres? Estos habían triunfado en el mismo campo de batalla donde otros habían fracasado. El Sol por fin tenía una compañera, la Luna. Ya no estaba solo. Otros muchos soles, viendo la felicidad del primero, quisieron tener Lunas.
Poco a poco, el universo se fue llenando de Lunas. No todos los soles las tienen, pues no todos se sienten solos, pero mucho sí.
Todos recordamos a Intruder que tuvo la genialidad de creer en un imposible. Y lo mejor aún, de poder llevarlo a cabo.
Desde entonces se le conoce con otro nombre: Intruder, el Hacedor de Lunas.
Fin del versículo II _________________ !Tucki, mamona¡
Askani te odio tanto, que ya no se ni como llamarte. jejeje
Subaka, mmmm, sin comentarios
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CHINO-MAN

Registrado: 29 Nov 2006 Mensajes: 563 Ubicación: Si eres amigo, en tu corazon - Si eres enemigo, dentro de tu cabeza
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Publicado: Vie Mar 02, 2007 5:18 am Asunto: |
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Jajajajaja muy buena historia man, bueno en mi caso no fue Intruder........ pero Hobbit (flota y misiles), Dangers, Bioforce, Kheldar y Miki_Cat, sin recorres es el regalo mas hermoso que me hicieron encima con solo un 10% me salio una luna de 6633 km, que me esta dando de comer y me auyentado mas de un predador .
Franpe un grande escribiendo!!!!!!!!!!!! _________________ <center>
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nemeneme

Registrado: 09 Oct 2006 Mensajes: 4926 Ubicación: RobandOte la Marihuana eN tU Balcon
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Publicado: Vie Mar 02, 2007 9:00 pm Asunto: |
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bonita historia me encantó!!!!!!!
me has dado la insppiracion pixa!!! _________________
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Azraloth

Registrado: 27 Jun 2006 Mensajes: 269
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Publicado: Dom Mar 04, 2007 12:30 pm Asunto: |
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PLASPLASPLASPLASPLASPLAS
MAESTRO!!
CAMPEÓN!!
FIGURA!!
OLÉ!!!!
 _________________ ¿Os dije ya que tengo una mina de metal de nivel 15? |
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franpe

Registrado: 07 Jun 2006 Mensajes: 4778 Ubicación: En el Olimpo
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Publicado: Dom Mar 04, 2007 12:54 pm Asunto: |
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Bueno, he modificado la anterior. No me gustaba. Os dejo las dos para que podáis comparar
Dedicado a Intruder – The Moon-Maker (El Hacedor de Lunas)
El Sol y la Luna
Libro I, tomo I, capítulo I, versículo II del libro de los Hacedores de Lunas
En el principio de los tiempos del universo ogameriano, los soles no estaban acompañados por sus amigas infatigables. Los planetas no eran abarcados, ni rodeados hasta la extenuación por su madre protectora. No había quien fulminara la oscuridad con millones de haces de luz.
En el principio de los tiempos, no existían las Lunas
En el universo había cientos, miles de sistemas. Cientos, miles de soles. Meteoritos lo surcaban de extremo a extremo. Agujeros negros acortaban el camino. Sistemas completos formaban constelaciones. Infinidad de entes materiales formaban un intricando sistema que mantenía el orden. Todo estaba previsto. Todo en su justo punto. Todo, menos… menos las Lunas. No existían. Pero como en esta vida, no se echa de menos algo hasta que se ha tenido y perdido. Nadie las necesitaba. Nadie las anhelaba. ¿Nadie? ¿Nada?
Durante su corte pero intensa vida una intranquilidad embargaba a un Sol. El resto del universo vivía feliz en su “ignorancia”, pero uno de ellos sentía la falta de algo, sin saber a ciencia cierta que era. Un incierto día averiguó que le pasaba, cual era la causa de su intranquilidad. Se dio cuenta que le hacía falta un gemelo. Pero no un gemelo igual a él (a los soles no les gusta que los imiten ni igualen), si no algo que lo comprendiera. Que lo compenetrara. Se sentía solo, y necesitaba compañía. Descubierto esto, se puso manos a la obra.
Utilizando sus portentosos poderes intentó crear ese ser, ese algo (pues todavía no tenía nombre). Sus esfuerzos fueron infructuosos. Intento moldearlo a partir del calor, pero se derretía. Grandes tormentas solares asolaron su sistema durante estas pruebas. Intentó utilizar el frío, pero tampoco tuvo mejor resultado. Pero, por lo menos, el saber sus necesidades lo curaba un poco, aunque no mucho, de su desasosiego
Un día, viendo que el solo no podría, fue a hablar con el gran círculo de los soles. Pidiendo audiencia pidió ayuda a sus semejantes. Estos, sin ver sentido a su propuesta le pidieron explicaciones. Le preguntaron cuales eran los motivos que le llevaban a desear algo tan inusual y sin sentido. ¿Para que esforzarse si tenían todo lo que querían? Eran venerados. Eran grandes y fuertes. El universo era suyo. ¿Para que más? El Sol le dijo, que sin eso que había pensado, el futuro no tenía sentido, estaba vacío. Que solo les quedaba vagar e iluminar sus sistemas por toda la eternidad. Un futuro bastante pobre según él.
Sus hermanos fueron vacilando uno a uno. Primero las más grandes entre las estrellas rojas enanas. Eran una fuerza primordial entre el consejo, pues el universo ya no era joven, y ellas dominaban. Tras un arduo debate, los gigantes blancos dieron el último voto que faltaba, y se llegó al acuerdo de investigar esta cuestión.
Mucho tiempo fue necesario para que los mayores soles de entre los soles llevaran a cabo todas sus pruebas. Muchos fracasos llevaron al convencimiento de que esa idea era imposible de conseguir. Así se lo hicieron saber a nuestro Sol.
--- ¿Y donde voy ahora? ¿Quién podrá si vosotros no habéis podido?
--- Habla con las estrellas fugaces. Ellas recorren el universo. Puede que sepan algo que nosotros desconocemos, aunque no lo creemos. Nuestros conocimientos son bastos, y no hay muchas cosas que se nos escape.
Nuestro Sol, alicaído se fue a hablar con la estrella fugaz que cada poco tiempo pasaba por su sistema. Le contó sus anhelos, sus sueños. Como las estrellas fugaces intentan realizar los deseos que se les pide le prometió hacer todo lo posible por su causa. Entre ellas y el resto de estrellas fugaces, seguro que conseguirán el objetivo en poco tiempo
--- Ustedes los soles solo sabéis iluminar y destruir. No sabéis crear. Dejadnos a nosotras.
Más tiempo aún fue necesario para que las estrellas fugaces hiciesen pruebas. Ni aún con todo su poder, y sobre todo su experiencia fueron capaces de conseguir ese algo que le faltaba al Sol. ¿Quién le podría ayudar?
Nuestro Sol decidió hacer una peregrinación por el universo, preguntando a cada ente que se encontrara. No importaba su función, ni sus cualidades. Alguno debería conocer la respuesta. Habló con los agujeros negros, pero estos aún a pesar de todo su poder no le pudieron ayudar. Habló con las constelaciones, nada. Habló con los cuáseres, que al ser la materia más nimia del universo, a lo mejor podían ayudarlo juntando todas sus fuerzas, pero nada. Una a una, se fue quedando sin las cartas de su baraja. Por mucho que buscaba, no encontraba a nadie que fuera capaz de darle una solución válida a su problema. El Sol cada día más solo iba perdiendo intensidad, sin ganas de vivir. ¿Para que tanto trabajo si estoy solo? La soledad lo iba carcomiendo poco a poco, de manera irreversible.
Después de mucho errar, decidió buscar la única ayuda que le quedaba. Si ellos no podían, nadie podría. Se fue a ver a los dioses que habían creado el universo ogameriano en los principios de los tiempos.
--- Dioses, ustedes que todo podéis. Ustedes que en todo mandáis. Que hacéis a vuestro gusto. ¿Podréis darme una compañera infatigable de aventuras y desventuras?
Los dioses, viendo la profunda pena que embargaba a una de sus mayores obras, no tuvieron más remedio que intentar ponerle solución y decidieron concederle el capricho. ¿Qué más da poner un astro más en el universo? Hay espacio de sobra
Dejaron la tarea en manos de uno de ellos. Era poca cosa, para que trabajar más dioses.
Pero la cosa no fue como ellos pensaban. Tras segundos de duro trabajo, este no fue capaz de llevar a cabo la obra pedida. Los demás dioses, viendo la inoperancia de este, decidieron poner manos a la obra. Entre todos acabarían con este tema tan engorroso. Pero, ¡qué equivocados estaban! Los dioses eran incapaces de crear algo nuevo, como si la creación del universo hubiese acabado con la chispa que los llevo a hacer tales logros. Lo creado, creado está. Lo que no, no se puede crear, esa fue la conclusión a la que llegaron.
Así se lo hicieron saber al Sol. Si ellos no pueden, ¿quién podrá?
Apenado y con la idea de habar fallado nuestro Sol se fue a su sistema. ¿Qué puedo hacer? Viendo que sus esfuerzos no tenían sentido, la sensación del fracaso se fue adueñando poco a poco de su corazón. Cada vez le costaba más trabajo dar calor. Algo dentro de él se estaba derrumbando. ¿Qué más podía hacer? Nada, salvo esperar.
La falta cada vez mayor de calor, empezó a afectar a todos los seres vivos que vivían en los planetas de su sistema. Una a una cada especie fue preguntando al Sol que le pasada. A todos estos, el Sol le respondía lo mismo: “Me muero”
Nuestro Sol era capaz de poder comunicarse con cada especie. Durante un tiempo estuvo croando con las ranas y los sapos. Estuvo piando con los pájaros. Incluso llego a rebuznar con los burros y tener contactos gestuales con los delfines, pero nadie era capaz de darle una respuesta. Al final, habló con los humanos, con las langostas del universo. Tal vez ellos le podrían ayudar
--- Buscadme compañía
Solo eso les dijo. Nada más, pero tampoco nada menos. Con tal pocas palabras, describió su total abatimiento
Los humanos no sabían que podían hacer. ¿Cómo unos simples humanos van a poder ayudar a un Sol cuando ni los dioses le habían podido ayudar? Era una guerra perdida de antemano, pero si algo llevaban en los genes los hombres, es su afán de superación. Es su habilidad para la adaptación, y para encontrar soluciones a los problemas. Decidieron llevar a cabo una reunión entre los mayores cerebros entre los más grandes genios de su cultura.
Durante días debatieron que hacer. Sus mayores cerebros se pusieron día y noche a la labor, pero todo era en vano. Solo llegaron a una conclusión, sus conocimiento son bastaban para obtener lo que necesitaban. Para solucionarlo decidieron mandar por el universo a varios de sus jóvenes promesas, para que ellos encontraran la solución. Tal vez, otras razas en otros planetas alejados pudieron ayudarles. El tiempo corría deprisa, el tiempo apremiaba. No había que perderlo en tonterías.
Muchos fueron los jóvenes que se lanzaron al vacío del universo para darle un compañero a su Sol. Mientras, en su planeta, sus congéneres les esperaban impacientes.
Descubrieron, entablaron conversaciones con muchas razas y especies distintas. Muchos murieron en el intento. Nunca volvieron a sus casas. Y los que volvían, no traían nada nuevo. Nada distinto de cómo habían salido.
Las esperanzas estaban a punto de agotarse, cuando un joven, llamado Intruder, lo de las tribu de los kadocesianos volvió con una idea. La había obtenido de una raza apartada, en el confín del universo. No pudo dar muchas referencias sobre ellos, solo que le habían indicado un camino posible. Ahora solo quedaba probar si funcionaba. No perdían nada en el intento.
La idea consistía en intentar que en un momento preciso y en un lugar precio, concentrar una gran cantidad de energía y una gran cantidad de materia, para llegar a crear un campo magnético que atrajera a la materia entre sí, para formar un planetoide. Era una idea utópica, pero, ¿qué no lo era? ¿Cómo conseguirían poner esos recursos en ese sitio y a la vez poner la energía? Parecía algo imposible, pero, ¿qué es imposible para la raza que consiguió dejar atrás en la evolución a sus hermanos de sangre?
¿Y si hacían que grandes flotas se enfrentasen creando una gran destrucción y a la vez una gran energía? Había que probarlo y así lo hicieron.
Tras muchos fracasos, los humanos consiguieron su objetivo. Depuraron la técnica, y llegaron a un punto desde el cual podían predecir con cierta seguridad si saldría el planetoide o no. La ciencia no era segura. A veces había que hacer varios intentos, pero al final salía.
¿Qué profundo gozo embargó al Sol cuando pudo contemplar la obra de unos simples hombres? Estos habían triunfado en el mismo campo de batalla donde otros habían fracasado. El Sol por fin tenía una compañera, la Luna. Ya no estaba solo. Otros muchos soles, viendo la felicidad del primero, quisieron tener Lunas.
Poco a poco, el universo se fue llenando de Lunas. No todos los soles las tienen, pues no todos se sienten solos, pero mucho sí.
Durante generaciones se ha cantado la Balada de Intruder, que fue capaz de buscar una respuesta donde no la había. Que fue valiente para darla a conocer, y sabio para llevarla a cabo.
Desde entonces se le conoce con el nombre de Intruder, el Hacedor de Lunas.
Fin del versículo II _________________ !Tucki, mamona¡
Askani te odio tanto, que ya no se ni como llamarte. jejeje
Subaka, mmmm, sin comentarios
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